El Archivo Histórico de Jaén acoge desde ayer la exposición “Un paseo por Jaén a través de sus postales, la ciudad que se nos fue”, impulsada por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico dentro de la programación cultural de este otoño. El delegado territorial, Jesús Estrella, inauguró ayer la muestra que ofrece una visión de la evolución de la ciudad de Jaén, poniendo el foco en los lugares que ya no están o han cambiado, pero que quedaron documentados en las tarjetas postales. También invita a una reflexión sobre el papel de las tarjetas postales en la historia de la comunicación, del turismo y la correspondencia, desde el siglo XIX hasta nuestros días, ya que aún perviven con diferentes usos en plena era digital.

La exposición cuenta con ciento cincuenta postales de la colección personal de Bernardo Jurado que recorren las principales calles y monumentos de Jaén a lo largo de un siglo. Junto a ellas, el Archivo Histórico presenta fotografías aéreas e imágenes catastrales de la ciudad, que permiten al visitante imaginar esa ciudad de Jaén que se fue.

Una idea en una imagen
El delegado territorial ha agradecido la colaboración desinteresada de Bernardo Jurado con el Archivo Histórico Provincial de Jaén. “El tesón de este jienense a la hora de coleccionar postales de su ciudad nos ha abierto una oportunidad parta mostrar otra cara de Jaén, para recuperar la ciudad perdida y adentrarnos en la historia de la comunicación y de la correspondencia”, ha destacado Jesús Estrella. La muestra permanecerá abierta de lunes a viernes, de 9 a 14 horas, hasta el 15 de diciembre.

Imaginar el impacto que tuvieron las tarjetas postales en la comunicación por correo en el siglo XIX es fácil si nos fijamos en los actuales mensajes de Whatsapp o tuits de Twitter, que pretenden concretar la transmisión de una idea de forma breve en contraste con los más extensos correos electrónicos. Se trata de medios de difusión modernos y novedosos en cuanto a los soportes y redes que utilizan, pero no respecto a su método comunicativo. Y es que ya en el siglo XIX las tarjetas postales revolucionaron el mundo de la correspondencia al transmitir un mensaje breve y efectivo. Las administraciones de correos crearon las tarjetas postales como sistema alternativo a la correspondencia tradicional para agilizar la transmisión de los mensajes. Las cartas se escribían sobre un papel en blanco o pautado, con una o varias hojas, e iban protegidas en un sobre cerrado en el que sólo se indicaba la dirección del remitente y del destinatario. Ante este formato, la ‘desnuda’ y ágil postal resultaba innovadora. Técnicamente, una tarjeta postal es una cartulina o papel de mayor gramaje, con un formato pequeño, en el que se indica la dirección postal del destinatario.

Desarrollo turístico
La primera tarjeta postal en España se emitió el 1 de diciembre 1873 por la Fábrica Nacional del Sello –en 1869 se había impreso la primera en Viena-, sin ningún tipo de ilustración. Unos años más tarde -1886- se permitió que empresas privadas pudieran emitir esas tarjetas a las que se daría validez con la aposición de un sello, como en el resto de las cartas. Y estas empresas, comenzaron a incluir imágenes publicitarias y de paisajes urbanos.

La postal comenzó a ser utilizada, además, como recuerdo del paso por un lugar, al ilustrarse pronto una de sus caras. En este sentido, el desarrollo de la postal corre paralelo al desarrollo de la industria turística. Su venta se hacía en estancos, librerías, papelerías, quioscos de prensa, establecimientos de recuerdos y hoteles.

La ocupación de una de las caras de la tarjeta con una ilustración obligó a que el objetivo de la tarjeta, mensaje y dirección del destinatario tuviese que ocupar la otra cara. Por ello, en la parte destinada al texto escrito y al franqueo, se establecieron dos áreas, dispuestas en sentido horizontal normalmente, con frecuencia separadas por una o varias líneas verticales, dejando la primera parte, más a la izquierda, para el mensaje que se pretendía enviar, indicando a voluntad el nombre y dirección del remitente, y en la segunda parte, más a la derecha, el espacio para el timbre o sello –señalizado en muchas ocasiones- y el nombre y dirección del destinatario, también señalizado con unas líneas. Un rincón típico de una localidad, la fachada de un edificio singular, de la Catedral del lugar, interiores o lugareños ataviados con el traje típico (por ejemplo, el de chirri y pastira en Jaén) ilustraban estas tarjetas.

Las postales vendidas en Jaén habitualmente fueron promovidas e impresas fuera de la provincia –Lurent (Madrid), Hauser y Menet (Madrid), Arribas (Zaragoza), Escudo de Oro (Barcelona).