Un estudio realizado por la profesora titular de Psicología Social de la Universidad de Jaén (UJA), Beatriz Montes Berges, a más de 400 personas, mostró que, en los primeros tres días del confinamiento por el Estado de Alarma decretado por el Gobierno, aumentó el temor, la actitud favorable hacia la inversión pública y la marginación social a posibles contagiados del coronavirus (Covid-19).

El estudio reflejó que más de una persona se había acordado durante estos días de confinamiento de la actitud previa que tenía cuando recibía las noticias de los efectos de la enfermedad en China, y la comparó con la que tenía en ese momento. “Y es que el refrán “¡qué bien se ven los toros desde la barrera!” no puede ser más cierto”, afirma Beatriz Montes.

En la misma línea va una de las conclusiones de un trabajo de Montes Berges, en colaboración con la estudiante del Grado de Educación Social, Dayana Escribano Navarro, en el marco de un Trabajo Fin de Grado (TFG), que han desarrollado sobre las reacciones conductuales y emocionales de las personas durante los primeros días de la declaración del estado de alarma en España, del 12 al 16 de marzo.

Así, este estudio muestra que las personas que no conocen a otras infectadas por el coronavirus pensaban, durante estos primeros días, que ésta era una enfermedad como otra cualquiera, “les preocupaba más la alarma social que la enfermedad en sí y pensaban que la gente era muy exagerada con este tema”, dice. Por el contrario, las personas que conocían a otras infectadas por el coronavirus manifestaban, en mayor medida, que no les gustaría estar al lado de una persona que estuviera tosiendo en público.

Acopio de productos

Además, en este trabajo se analizó el comportamiento de las personas que compraron productos en masa los días previos al confinamiento, frente a las personas que no lo hicieron. Las personas que realizaron estas compras tuvieron mayores puntuaciones en la dimensión de ‘autoritarismo’, que se centra prioritariamente en el bienestar propio, en lugar del bienestar colectivo. Éstas estaban más a favor de invertir dinero de los fondos públicos, para tratar a pacientes con Covid-19, darles mejor tratamiento, aunque reconocían que no les gustaría estar cerca de una persona que estuviera tosiendo en un lugar público. “Estas afirmaciones son propias de personas autoritarias, que pueden estar a favor de conductas de cuidado hacia los demás, que realicen otras personas (no ellas mismas) y siempre que no les suponga un sacrificio de sus intereses”, afirma. Asimismo, los compradores de productos en masa pensaban que cualquier persona podría tener el coronavirus y no saberlo, y estaban preocupadas porque se hubieran agotado muchos productos en los supermercados, por lo que les asustaba pensar que su ciudad se pudiera paralizar, debido a la pandemia. “Estas tres afirmaciones podrían ser las responsables del consumo desorbitado de productos”, asevera.

Para Beatriz Montes, resulta paradójico que estas personas compradoras de productos en masa estuvieran de acuerdo con las medidas del Gobierno, para no propiciar el contagio masivo y le restaran importancia a esta enfermedad, asemejándola a la Gripe A. “Esto se puede explicar mediante este tipo de comportamiento autoritario en consonancia con la personalidad individualista, que se centra en la protección de sus intereses, aunque incluso sean superficiales, y a pesar, de que esto suponga la desprotección de los intereses primarios de otras personas”.

Cambios en las conductas

Por otro lado, cuando se analizaron los cambios que se habían sucedido en los sentimientos y en las conductas de las personas participantes a lo largo de estos días, se evidenció que entre el primer y segundo día (12 y 13 de marzo), las personas puntuaban de manera diferente en cuanto a la actitud favorable a invertir dinero de los fondos públicos para el cuidado y tratamiento de las personas enfermas con Covid-19. “Solo hizo falta que muriera la segunda persona en Jaén, para que los ciudadanos de esta provincia estuvieran mucho más de acuerdo con la idea de que era necesario invertir dinero público para cuidar a estos pacientes”, subraya. Además, en esos dos días, los medios de comunicación informaron de un aumento considerable del número de contagios que, “posiblemente fuera la causa de que el segundo día que estuvo abierto el cuestionario, las personas respondieran en contra de dar poca importancia a la protección de la población de posibles contagios, o de que ya no se pensara que la gente era muy exagerada con el tema (que sí pensaban los participantes que habían contestado solo unas horas antes). Sin embargo, aún no exhibían importantes puntuaciones en cuanto a la exclusión de las personas asiáticas (como posibles infectadas)”, apunta.

El cuarto día de apertura del cuestionario (lunes, 16 de marzo, primer día no laborable para los trabajos no considerados como esenciales y en el que decretó la prolongación del confinamiento durante 15 días más allá de los ya previstos), las personas que contestaron al cuestionario, respondieron con actitud menos protectora hacia los derechos de no exclusión de las personas, asiáticas o no, que pudieran estar contagiadas por el Covid-19, y volvió a bajar la percepción de que la gente era excesivamente exagerada con respecto al tema. “Cuando se compararon el segundo y el cuarto día se detectaron grandes diferencias en las respuestas, en relación con la dimensión de marginación social, de manera que resultaron más marginadoras en el cuarto que en el segundo día. Asimismo, en el cuarto día aumentaron considerablemente las respuestas en relación a su preocupación, temor y alarma social”, concluye.